miércoles, 4 de enero de 2017

#DesdeElCuartoDeGuerra: Gasolinazo e ingobernabilidad



COLUMNA: "DESDE EL CUARTO DE GUERRA".

Lo que ocurre en nuestro país es una crisis de gobernabilidad y legitimidad. 

Y esto es consecuencia de la insensibilidad de las autoridades que cada vez profundizan más el distanciamiento entre ellos y nosotros los ciudadanos. 

La ingobernabilidad Mexicana se demuestra con tres factores: 

1. Crisis de la gestión política-administrativa.
2. Crisis de apoyo político de los ciudadanos a sus autoridades.
3. Crisis de credibilidad sobre las decisiones gubernamentales. 

Además de que en el Mood (ánimo) Social prevalece un severo resentimiento por los abusos y excesos de la clase política. 

Las evidencias del despilfarro y corrupción han ahondado en el rechazo de los ciudadanos hacia sus gobernantes. 

La gente está harta de tanto descaro e impunidad. 

El pueblo mexicano desprovisto de privilegios o canóngias no está dispuesto a seguir tolerando este tipo de abusos ni a cargar con el costo del saqueo al que ha sido sometido el país. 

En su percepción la recaudación sube pero los beneficios disminuyen, como puede explicarse esto en un país con tantos recursos. No suena lógico. 

Todos saben que el déficit público es causado por el desvío, a veces estratégico y otras burdo, de recursos públicos en todos los niveles de gobierno.

Por eso la crisis de credibilidad aumenta frente a la sospecha fundada de que las reformas estructurales (fiscal, energética, educativa, económica, etc) sólo sirvieron para acosar al pueblo mexicano mediante nuevas medidas de presión lo cual tira por la borda los esfuerzos de este gobierno en lo que buscaba fuera su principal logro. 

Peor aún, la falta de legitimidad también tiene una causa de origen: la ausencia de una estrategia de comunicación capaz de compartir entre la población el mensaje adecuado que oriente y justifique las acciones y decisiones del gobierno. 

La gente no cree y mucho menos confía en su gobierno, en sus partidos políticos ni instituciones. 

El sistema político ha colapsado, y sólo se sostiene por el temor de la población a asumir el costo de una revuelta. Pero la pregunta es ¿hasta cuándo? 

En este contexto, podemos entender mejor las consecuencias reales del llamado gasolinazo: 

1. El empobrecimiento de la mayoría de la población Mexicana con el alza generalizada de precios. 
2. La radicalización del malestar social.
3. La ingobernabilidad del país. 

El rechazo al alza de la gasolina resultó unánime aunque lo más preocupante son sus efectos. 

Justificado o no este incremento inició una escalada en el aumento de los precios de los productos y servicios que consumimos los mexicanos. 

En otras palabras estamos frente a un proceso inflacionario combinado con la constante devaluación de nuestra moneda frente al dólar que rebasó desde hace unos meses la barrera de los 20 pesos. 

Lo cual genera un escenario francamente detestable por el empobrecimiento de sectores de la población cada vez mas vulnerables. Ahora los pobres serán más pobres y la clase media enfrentará nuevos retos para preservar su forma de vida. 

Solamente los niveles socio-económicos con mayores ingresos de este país (incluida la llamada clase política) tendrán la posibilidad de sortear y ajustar su economía sin muchos sobresaltos, pero para las demás familias el impacto será brutal y afectará de manera inmediata su calidad de vida. 

Estos acontecimientos no pueden seguirse subestimando desde la cúpula del poder porque los costos político, económico y social pueden ser catastróficos frente a un escenario en el que la vulnerabilidad interna puede ser el escenario propicio para una nueva y profunda intervención norteamericana que tendrá en los próximos días un presidente que está interesado en revivir y radicalizar la Doctrina Monroe (América para los americanos). 

Lo cual nos lleva tristemente a recordar aquella frase atribuida a Porfirio Díaz: "pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos".

Sin embargo, el verdadero reto no está fuera de nuestro país sino en su política interior a la que inexplicablemente le veo cada vez menos voluntad de solucionar las cosas. Y eso que no soy pesimista.