jueves, 22 de noviembre de 2018

Originario de Molcaxac destaca en Mérida con venta de figuras de yeso

Nota publicada en Diario de Yucatán
  • Un poblano ofrece sus figuras en el oriente meridano

“He vendido de todo”

En estos días si uno pasa por la calle 69 a la altura de la secundaria “Eduardo Urzaiz Rodríguez”, en el oriente de Mérida, se encontrará con una estampa singular: bajo una sombra de flamboyán reposan en la acera figuras coloridas de perros, gallos, lobos, tigres, santacloses y unicornios.

Las figuras, de diferentes tamaños y precios, son hechas y traídas de Puebla, explica Gabriel Olmos Aguilar, vendedor de las figuras que pueden servir para decorar la sala o el jardín.

Originario de Molcaxac, en la zona mixteca de Puebla, Gabriel llegó la semana pasada con otros vendedores para ofertar las figuras elaboradas de yeso y recubiertas de una especie de terciopelo que les brindan una textura suave.

Desde entonces, todos los días, de 10 de la mañana a 6 de la tarde, Gabriel se instala en la calle 69 en espera de vender la mayor cantidad de figuras, cuyos precios oscilan entre 100 y 320 pesos.

“Ahorita la gente sí compra, pero despacito, y por la temporada lo que más piden son las figuras de Santa, también me piden tigres y unicornios”, dice Gabriel, a quien algunos niños llaman “el señor de los perritos”.

Dedicado a la venta desde hace 20 años, reconoce que la compra de este tipo de adornos es muy baja. “En promedio vendo unas cinco o seis piezas. Sí sale, pues, pero hay que lucharle”.


Viajes

Él cuenta que gracias a su trabajo ha conocido gran parte de la República. “He estado aquí en Mérida varias veces, he ido a Oxkutzcab, Carrillo Puerto, Cancún y más al norte allí por Sonora y Tepic”.

Uno tiene que ir a donde haya trabajo, dice. “Qué más quisiera que estar con la familia, pero siempre hay que buscar para comer”.

En esta temporada calcula que estará 20 días en la ciudad y luego ya saldrá algo más para vender. “Yo he vendido de todo tipo de mercancías: adornos, cuadros, de todo… en esta ocasión el patrón nos dijo que viniéramos a vender estas figuras, y pues aquí estamos”.

Mérida es una ciudad muy tranquila, dice el oferente. Es más, confiesa que en una ocasión se quedó dormido y cuando despertó, para su sorpresa su mercancía seguía intacta. “Aquí veo que todavía se puede tener confianza en la gente porque hay lugares donde uno tiene que estar muy vivo”.

Sin embargo, admite que está muy pendiente de su mercancía y que apenas ve que se acerca un vehículo echa la carrera hacia él para atenderle.

Gabriel señala que disfruta mucho su trabajo. “Me gusta vender y si hoy no vendo esto, estaría vendiendo otra cosa”, y para ello comparte que el secreto de un buen vendedor es no enojarse, pues está consciente de que el que se enoja, pierde.— Iván Canul

Por todo lo demás no se desanima ni siquiera cuando finaliza el día sin vender nada. “Si hoy no vendes, ya vendrá mañana. Siempre hay que mantener la esperanza y ves cómo las cosas se componen al ratito. Esto es como la baraja, si no se puede ahorita, ya será al ratito. La clave está en no agüitarse porque si uno se agüita, es peor”.