domingo, 4 de agosto de 2019

#UnNuevoComienzo: Lecciones de desarrollo y economía, cuando yo tenía otros datos


Una mujer humilde de 70 años caminaba descalza entre el contingente que me acompañaba durante la campaña para gobernador de Puebla, en el municipio de Atzitzintla. Había decidido darle un apoyo para unos zapatos y alguien, casi al mismo tiempo también me lo sugirió. 

Me acerqué con discreción y le pregunté, ¿le puedo ayudar para unos zapatos? Y me dijo “no”, nunca he usado. ¿Le puedo ayudar en algo?, me dijo “sí, no tengo para ir al médico, siento un fuerte dolor en un costado”. 

Hace varios años leí el libro de Paul Pollack, Como eliminar la pobreza. De todo lo revisado hasta ahora, creo que es lo mejor que he visto. Propone aprovechar los recursos disponibles y adoptar tecnologías de bajo costo para ir creando soluciones productivas en forma gradual. 

Pero lo más importante que propone Paul Pollack, es que si en verdad quieres ayudar a alguien, pregúntale cómo. No adivines. No creas que lo sabes. No supongas. Por eso pregunté en el caso que menciono. 

Siendo ingeniero agrónomo tuve, al igual que la mayoría de profesionistas, la ilusión de que en verdad iba a enseñarles algo a las personas. Es una falsa ilusión. Muy pocas cosas pueden ser enseñadas. Todo es un aprendizaje conjunto. Todos aprendemos de todos, todos los días. 

Una vez llegué a casa a saludar a mi familia. Uno de mis hermanos me dijo, ya tenemos luz, agua potable y drenaje, ya estamos mejor. Ahora lo que nos falta es con qué pagar el recibo. El gobierno bien o mal se ha preocupado por el bienestar. Pero casi no se ha preocupado por generar riqueza ni por el desarrollo humano. 

Los presupuestos públicos requieren considerar las necesidades básicas de bienestar; servicios públicos, apoyos alimentarios, educación, seguridad pública, vivienda y salud. 

Pero deben incluir también estímulos para la generación de empleo, desarrollo de infraestructura pública, y fomento productivo que permita la obtención de recursos económicos para sostener el bienestar y promover el desarrollo de las familias hacia mejores condiciones de vida. 

Para el fomento productivo es fundamental contar servicios técnicos, capacitación, asesoría y estímulos económicos directos, acceso a tecnología, financiamiento y apoyos a comercialización. Esta es la pata de la mesa que ha permanecido corta por falta de voluntad de los gobiernos. 

En otra ocasión y con el propósito de ayudar a mis hermanos, nos reunimos y les propuse desarrollar un proyecto. Lo pusimos en marcha y al poco tiempo se tuvo que cancelar porque no estaba funcionando. Así pasó con otros tres proyectos más. 

Unos años después, en una reunión revisamos qué había sucedido con los proyectos. Uno de los reclamos más grandes fue “es que siempre has venido a decir lo que hay que hacer, no nos has preguntado que queremos. Tú lo sabes porque eres ingeniero agrónomo, pero nosotros no”. 

El que ayuda no quiere perder la tentación de poner condiciones, pero muchas veces se equivoca porque supone o quiere jugar al adivino. Se equivocan los que apoyan porque no preguntan y generalmente no conocen las necesidades de la gente. 

Entre mis mayores errores profesionales iniciales se cuentan el querer impresionar a los oyentes o lectores con conceptos e información abundante que poco aportaban a su interés. 

También ha sido un error, suponer que todos saben, ven o tienen lo mismo que tú. Sin saber que todos somos diferentes. Un error garrafal es olvidar la escolaridad de la gente y, por ello la demostración y el ejemplo son de mayor impacto cuando se trata de cambiar actitudes y aptitudes. 

Simplificar el lenguaje, explicar con mayor paciencia y ponerse en los zapatos de los otros ha sido algo que cuando lo puse en práctica tuve mejores resultados en lo que buscaba. 

Ayudar a los jóvenes a fortalecer su estima, su carácter, su capacidad y orientarlos para elegir su destino diciéndoles lo que pueden llegar a ser, es algo que no puede faltar en la orientación vocacional. 

Comparto estos conceptos porque considero que a mi único y leal lector puede serle útil. Son lecciones que he recibido en mi quehacer diario y no las he visto en libros ni escuchado en aulas. Tampoco pretendo ofender la inteligencia de nadie, sé que muchos saben esto y más.