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martes, 19 de enero de 2021

FIEBRE POR EL AGAVE “ORO AZUL” PONE EN RIESGO LA BIODIVERSIDAD DE RESERVA DE LA BIÓSFERA TEHUACÁN-CUICATLÁN






La fiebre por el agave para la elaboración artesanal del mezcal u “oro azul” y su alta demanda internacional no solo podría causar erosión en la tierra sino un proceso de extractivismo agrario y pérdida de la biodiversidad con resultados irreversibles en la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán, en el estado de Puebla, declarada por la Unesco en 2018 como Patrimonio Mundial de la Unesco.

Para muchas familias poblanas el cultivo de agave resultó ser una alternativa para enfrentar la crisis económica en la emergencia sanitaria por Covid-19, como sucede en las regiones de Coxcatlán y Atlixco; sin embargo, la Asociación Civil Milpa (Manejo Integral y Local de Productos Agroforestales) advierte que la intensificación de la industria del mezcal y el popular consumo mundial de la bebida traerá una vertiginosa crisis para el campo similar al fenómeno de tequilización en Jalisco.

El monocultivo del agave no se compara con el de la milpa u otro tipo de plantación en Puebla, pues mientras el maíz requiere escasos seis meses, el maguey madura entre siete y 10 años.

Durante esa década, la tierra tampoco puede ser utilizada para la siembra de otro alimento y, en la incertidumbre, el campesino espera con ansias su primera cosecha.

Si bien el mezcal es una de las bebidas de mayor demanda a nivel internacional, en el entorno local el panorama se vuelve sombrío cuando nos detenemos en las formas de producción de su materia prima y los efectos que tiene sobre el medio ambiente y las sociedades rurales.

Este es el caso del saqueo de magueyes silvestres endémicos en Puebla, en una región protegida por organismo internacionales, derivado de la urbanización y desruralización característicos del capitalismo industrial, que están desplazando las prácticas de subsistencia por la producción orientada hacia el mercado.

En ese contexto, la asociación civil Milpa alerta que el modelo agroindustrial impulsado por el mezcal intensifica los procesos agroextractivos y su efecto acumulativo acelera la degradación ecosistémica y la pérdida de biodiversidad, haciendo más vulnerable nuestra capacidad para enfrentar este tipo de situación.

Como ejemplo, cita la destiladora de mezcal en el municipio de Tepeaca, de 40 mil hectáreas de extensión, donde proyectan generar 26 mil empleos, y establecer una primera plantación de 2 mil 500 hectáreas de maguey.

Este megaproyecto agrario se hace bajo la iniciativa de Casa Don Ramón, conocida por producir la marca de tequila del mismo nombre, con el apoyo del gobierno del estado de Puebla.


El pasado 19 de julio, el gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta anunció que esta productora de mezcal sería “la más grande de América Latina”.

Incluso, el mandatario dijo esa ocasión que el proyecto forma parte del programa gubernamental “Sembrando Vida”.

La asociación civil también advierte de la expansión del monocultivo de agave en torno a la Reserva Tehuacán-Cuicatlán.
Acaparan y deforestan tierras de Tepexi

Hay más demanda que oferta. El destilado más antiguo de México está de moda en restaurantes y bares del mundo, lo cual ha provocado el agotamiento de sus cultivos por su alto consumo.

La fama creciente del mezcal se debe en gran medida a la calidad del producto 100 por ciento agave y por su ancestral elaboración que espera hasta una década para que el maguey madure y se encuentre en condiciones para que machete en mano los agricultores corten la jima o la piña de la planta de donde se extrae el jugo.

Posteriormente, pasa por el proceso de molienda con piedra volcánica arrastrada por un caballo; luego por la cocción del mosto que es el fermentado del maguey en hornos con leña de mezquite, para después ser destilado en alambiques de cobre.

En 2019, durante la celebración de la Cuarta Reunión Nacional de Manejadores de Maguey Forestal, efectuada en el mes de noviembre en el municipio de Santa Catarina Minas, Oaxaca, un técnico de la Comisión Nacional de Zonas Áridas radicado en Puebla denunció públicamente que 150 productores de maguey de la localidad de Tepexi de Rodríguez, informaron de una virtual invasión de empresas tequileras que incursionan en el mercado del mezcal con sus propias marcas.

En ese foro se difundió que estas grandes tequileras compran tierras abandonadas o arrendan parcelas para después establecer cultivos con especies de agave ajenas a esta región como es la especie A Tequilana.

También se alertó que para extender estos monocultivos de agave se promueve el cambio de uso de suelo mediante la deforestación y la desaparición total de la vegetación natural, lo que ha generado distintos problemas fitosanitarios.

Al respecto, la asociación Milpa afirma que “se abre una tendencia que recientemente se intensifica en el área de San Juan Raya y Tepoxtitlán con la desaparición de izotales (palmas) y el surgimiento de nuevos monocultivos de agave para atender la demanda internacional, la posible pérdida de la riqueza biológica y cultural ligada al mezcal en la región de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán”.
El boom comercial provoca robo de agave silvestre en Juan N Méndez

El cultivo del agave es relativamente reciente en el estado de Puebla, al aparecer de manera comercial en el año 2000.

Desde entonces, ha presentado un crecimiento acelerado, motivado por varios factores: la demanda nacional e internacional, el alto valor de la materia prima para la elaboración del mezcal, la apertura de apoyos financieros privados y gubernamentales y la aparente rentabilidad del cultivo.

Algunos mezcaleros locales advierten que el actual boom comercial ha generado, entre otras cosas, el incremento del precio de la materia prima, alcanzando más de 20 pesos por kilogramo, lo cual ha provocado un generalizado proceso de robo o saqueo, en los municipios que tienen poblaciones de maguey silvestre (A potatorum).

Estos saqueos suceden en las localidades de Juan N. Méndez y San Martín Atexcal, en la entidad poblana, causando degradación ambiental.

Una de las consecuencias más delicadas en la creciente expansión de la cadena de valor, es la construcción de un marco regulatorio laxo, pues la norma de calidad para el mezcal fue modificada en el año 2015 para reconocer el aprovechamiento de “todas” las especies de agave.

Milpa AC explica que pasamos de cinco especies reconocidas explícitamente en la NOM-070-SCFI-1994, a “todas” en la NOM-070-SCFI-2016.

En un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) titulado Los agaves y las prácticas mesoamericanas de aprovechamiento, manejo y domesticación, la academia registró al menos 42 especies de agave utilizadas para elaborar mezcal en el 2007, y diez años más tarde el número ya sumaban 56, de las cuales 37 son de origen silvestre.
El “oro azul”, la maldición para otros

Actualmente, la Secretaría de Desarrollo Rural informa que el estado de Puebla cuenta con alrededor de 250 mil hectáreas de agave que crece de forma silvestre en las comunidades de San Diego la Mesa, Tochimiltzingo, Huehuetlán El Grande, Chiautla, Chietla y Caltepec.

En estas localidades se agrupan parcelas con fines comerciales que representan apenas 580 hectáreas de magueyes.




A pesar de solo producir el 3.2 por ciento del volumen nacional, el estado de Puebla se ubica en segundo lugar, solo detrás de Oaxaca, según el informe 2020 del Consejo Regulador del Mezcal (CRM).

La entidad poblana reportó una producción de más de 228 mil 641 litros de mezcal, como resultado de su incorporación reciente a la Denominación de Origen (DOM) que incluye a 116 municipios de la entidad.

El estado de Oaxaca concentra el 90 por ciento de la producción de mezcal en México; mientras que Durango aparece como el tercer estado con el 2.5 por ciento del volumen nacional; seguido de Zacatecas con el 1.7 por ciento; Guerrero con 1.1 por ciento; San Luis Potosí, Michoacán, Guanajuato y Tamaulipas registraron una producción menor al 1 por ciento.

Algunos mezcaleros como Miguel Martínez, de Atlixco, y Camerino Montalvo, en Coxcatlán, han visto con optimismo el aumento en la siembra de agave en el estado, como espadín, papalometl, espadilla, arroqueño, madrecuixe, hocímetl o tepeztate.

Para Miguel Martínez, dueño de la marca Migmartz, el mezcal resultó una alternativa para enfrentar la crisis económica durante la epidemia por Covid-19 en el estado, pues dijo que poco afectó en su producción y distribución.

En entrevista, con La Jornada de Oriente, refiere que hay “buenas ventas” a pesar de la emergencia sanitaria, aunque reconoce que esta situación ha obstaculizado que puedan exportar su producto a países como Estados Unidos de Norteamérica, el mayor consumidor de mezcal en el mundo después de México, a donde llegan siete de cada 10 botellas que salen del país.

En la misma posición se ha pronunciado el empresario Camerino Montalvo, quien enfatiza que desde 2015 fueron autorizados por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) para gozar de la Denominación de Origen del Mezcal en Coxcatlán, una comunidad rezagada y olvidada del desarrollo.

Argumenta que el 39 por ciento de desempleo entre la población económicamente activa de Coxcatlán ha originado un alto grado de marginación, conforme a datos del Sistema Nacional de Información Municipal.

A partir de la siembra de agave, asegura que se busca salir de la marginación, pues hay “una esperanza de trabajo para jornaleros, campesinos y artesanos”.

En esa región, miles de hombres y mujeres dependen de la cosecha de agave para su subsistencia.

En contraparte, existen campesinos y paisanos en el extranjero que hicieron negocio con el agave y que el resultado resultó contraproducente.

Este es el caso de Alejandro Hernández, originario de la región de Tepexi de Rodríguez y migrante radicado en Philadelphia, quien relata que invirtió más de 150 mil pesos para la siembra de agave en dos hectáreas, en las que plantó en total cerca de 5 mil magueyes, con un precio estimado de 30 pesos cada una.

En entrevista telefónica comenta que el éxito no es para todos, pues tuvo que esperar cerca de nueve años para la primera cosecha que resultó una triste pérdida.

En ese tiempo, alerta que no pudo sembrar por tratarse de un monocultivo que además erosiona la tierra, aunado al costo de mantenimiento, manejo y cuidado de la planta.

Sin contar, refiere, los gastos por compra de grandes cantidades de agroquímicos que se emplearon durante estos años para el cuidado del maguey, pero de la cual sólo vio la tercera parte de su producción por la plaga conocida como roña.

Culpa que esto se debe a que se está cortando el agave antes de su maduración y porque empresarios de Jalisco están trayendo otras especies a Puebla, que contaminan con plagas los plantíos en la región.
Denominación de Origen Mezcal provoca agroextrativos en Puebla

La Fundación Produce Puebla AC señala que es necesario preservar la semilla y crear un banco de reserva genética que sea vigilado por los campesinos poblanos, para evitar la contaminación de los magueyes nativos.

Tras la denominación de origen, la asociación expone que los magueyes silvestres están amenazados al tener ahora un valor comercial, por lo que buscan protegerlos.

En esa misma tesitura se pronuncia la asociación Milpa, la cual asegura que el establecimiento de cultivos intensivos, dentro y fuera del polígono de la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán, es resultado de la problemática implementación en México de la Denominación de Origen Mezcal (DOM).

Explica que este modelo fue inaugurado por el tequila, y ahora el mezcal adopta el mismo proceso agroextractivo.

En ese sentido, lamenta que desde la construcción del Estudio Técnico Justificativo para solicitar la inclusión de Puebla en la DOM se haya tenido pleno conocimiento de que la mayoría de los 116 municipios poblanos incluidos, “no tenían relación alguna con la producción de mezcal y fueron incorporados bajo el argumento de que era necesario hacerlo, previendo la necesidad de contar con una superficie mayor para el futuro suministro de materia prima”.

Es decir, arguye, se incluyeron estas especies de agave arbitrariamente con el objetivo de ampliar la frontera agrícola sin reparar en el principio precautorio en materia ambiental.

Finaliza que la Denominación de Origen Mezcal incluyó desde su creación a cinco estados de la república, pero se han sumado cuatro más, y otros tres se encuentran en controversia para su posible incorporación.

Por lo tanto, advierte que si los impactos regionales son extrapolados por el crecimiento territorial de la DOM, estos tendrán un alcance nacional y las consecuencias sobre los distintos ecosistemas, paisajes y biodiversidad serán además de gravísimas, absolutamente condenables.

Expone que “en el ritmo de crecimiento se puede ver en el tamaño de producción que en 2018 fue de 5 millones de litros, pero en 2019 superó los 7 millones, de los cuales, alrededor de cinco fueron solo para exportación, revelando con toda claridad la alarmante intensificación de la industrial del mezcal”.

En 1994 la Denominación de Origen Mezcal incluyó a cinco estados de la república (Oaxaca, Durango, San Luis Potosí, Zacatecas y Guerrero), pero fueron agregados algunos municipios de Guanajuato, Tamaulipas, Michoacán y Puebla en 2001, 2003, 2012 y 2015 respectivamente.

En agosto de 2018 se suman los estados de Morelos, Aguascalientes y Estado de México a la DOM pero fueron impugnados por el Consejo Regulador del Mezcal, que aparentemente logró la suspensión definitiva para el caso de Aguascalientes, mientras que Morelos y Estado de México continúan en tribunales.

por La Jornada de Oriente