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jueves, 28 de enero de 2021

LENGUA, COMUNIDAD Y TERRITORIO SE MEZCLAN EN EL PROYECTO DE RESCATE DEL NGIBA DE AHUATEMPAN




Lengua, comunidad y territorio son algunos de los elementos que se entremezclan en Los tiempos de nuestra lengua, un proyecto coordinado por el artista Ulises Matamoros (Ahuatempan, Puebla, 1984), que recupera e incluye el saber y la lengua Ngiba que se habla en la comunidad de Santa Inés Ahuatempan, aquí en Puebla, y cuyo riesgo es mayor: el ser desplazada, real y simbólicamente, de un territorio físico, cultural y lingüístico. 

Recientemente, el proyecto recibió una mención honorífica del Premio William Bullock 2020 que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura en alianza con la UNAM por medio del Museo Universitario Arte Contemporáneo. Se lleva a cabo con Chasen Thajni: la casa de todos, un concepto que refiere al mundo, en esa idea de que el “mundo es la casa de todos”. 

Se define como un trabajo artístico en medios múltiples cuyo propósito es la investigación, el resguardo, y la experimentación artística del lenguaje Ngiba, de dicha comunidad. Asimismo, tiene tres dimensiones: investigación exploratoria del lenguaje, grabación y resguardo, y experimentación artística. 

Al respecto, el artista Ulises Matamoros cuenta que desde siempre le interesaron las cosas de su entorno inmediato: el lugar donde creció, particularmente al lado de sus abuelos, quienes eran hablantes a la lengua. Fue esa mezcla cultural, esa hibridación, la que detonó en la serie de proyectos que desarrolló desde su etapa como estudiante y ahora como artista consolidado. 

“Me interesa ese doble habitar: entre cosas sencillas, entre la fast food y las tortillas, entre los huaraches y los tenis de marca. Ese hábitat en dos mundos, entre mis abuelos, mis padres, mi comunidad”, narra durante una entrevista que puede ser vista en las redes sociales de La Jornada de Oriente. 

Agrega que siempre tuvo un tránsito continuo hacia su comunidad. Incluso, realizó proyectos que tuvieron una relación más directa y práctica con su cultura de origen, pues, aunque no habla la lengua, sí la entiende. 

En el caso de Los tiempos de nuestra lengua señala que resultó a tras dos años y medio de habitar de manera continua en su pueblo natal, pues le interesó saber que la lengua Ngiba de Ahuatempan está en pérdida, pues solamente es hablada por los abuelos, los “tíos” de la población, que son una población mayor a los 70, 80 y 90 años de edad. 

“Mi quehacer como artista es exploratorio, indagatorio y subjetivo, pero me interesa la estructura del lenguaje, en su lógica, en su lingüística. Como artista tengo carencias que pueden ser ciertas ventajas, pues hay una manera de investigar más estética, intuitiva”. 

Durante la charla, reconoce que este proyecto es menos experimental, aunque tiene comentarios poéticos, pues lo importante ha sido la investigación de la lengua. Lo anterior, porque los pocos estudios que hay sobre ella son de cierta forma ligeros y superficiales. “Nos dimos cuenta que lo que se ha estudiado siempre ha venido de fuera, siendo un tanto impositiva la forma en que se ha mirado”. 



Dijo que el proyecto comenzó con el estudio de la lengua y la forma en que se construye. Se desarrolló durante 2020 para saber sus lógicas, su estructuración y la forma en que se representa, mediante palabras y dibujos que fueron trabajados en asambleas y con apoyo de profesores bilingües de la comunidad. 

Asimismo, por medio de una cabina de grabación que es móvil se han recuperado 10 voces de “tíos” de la comunidad que se mueven a partir de campos semánticos específicos. Con dicha cabina, el proyecto continuará como una caravana ya no para recolectar el idioma, sino para exhibirlo, para romper su silencio, transmitiendo a través de frecuencia modulada. 

Luego, habrá gráficas sonoras de esas palabras, comparaciones con el español y otras lenguas, para hacer un alfabeto que deje ver el trabajo con la comunidad además de la aportación artística del artista. 
Habitar un territorio que se pierde 

El Ngiba, señaló Ulises Matamoros, fue llamado como popoloca por los nahuas, un apelativo peyorativo que refiere a una persona “mal hablada, tartamuda, bárbara” que también designa “al que huele a humo”. 

Esta lengua, prosiguió, es tonal, tiene cierta cadencia en las palabras, a la par que su significado cambia dependiendo de cómo se pronuncian las sílabas y las vocales. Tiene tres tonos: alto, medio y bajo. Con las investigaciones hechas se ha encontrado que tiene ciertas inflexiones en los tonos, pues las vocales pueden “subir” o “bajar”, por lo que el significado de las palabras reside precisamente en el tono. 

Matamoros refiere que no hay un alfabeto del Ngiba. En ese sentido, menciona que la Secretaría de Educación Pública se equivoca al tratar de homogeneizar la lengua pues, al igual que otras, tiene variantes regionales. El de Ahuatempan es el Ngiba del poniente y, por tanto, no se logrará hacer un diccionario, un alfabeto o un glosario si no sale directamente de la comunidad. 

“Este proyecto pretende eso: que entre todos se logre hacer un vocabulario, y luego, también desde dentro, con las carencias y errores, proponer un alfabeto. También, si la comunidad lo consciente, pedir ayuda a lingüistas con esta base avanzada”, destaca el creador. 

Afirma que, en Los tiempos de nuestra lengua, a los protagonistas del proyecto, a los hablantes del Ngiba de Ahuatempan, se les ve como sujetos políticos que viven en un territorio simbólico, que tienen un vínculo con él y con su lengua. 

En este territorio, acota, la lengua es la única cosa que da cuenta del paso de los Ngibas por este lugar, pues ha sido un pueblo sobajado y menospreciado. “Ahuatempan se fundó y a los Ngibas les dieron dos tierras lejanas como una manera de exclusión causada por el lenguaje, no obstante este los ha mantenido cohesionados”, refiere. 

En todo ello, Ulises Matamoros sabe que la lengua tiene diversos riesgos. El mayor, continua, es que en Ahuatempan se puede perder la memoria. “Es un riesgo pragmático pues han fallecido familiares y personas cercanas que hablaban la lengua. Soy un poco pesimista, pero se va a perder la lengua. En el sentido moderno se va a perder porque no se usa: los jóvenes no lo conocen, no se habla para cosas prácticas”. 

“El Ngiba da una forma de entender al mundo, que es diversa, diferente. A mí me interesa el idioma como un proyecto político, un territorio que, para quien es despojado de él, vive desplazado simbólica y continuamente. Ese es el peligro: estar desplazado y no darse cuenta de ello. Por eso se trata de defender el territorio físico y el de la lengua, pues es poco lo que han dejado de ella”, concluyó.

Por La Jornada de Oriente 

Para conocer más se puede visitar el sitio electrónico https://es.ulisesmatamoros.com/the-language-times