jueves, 25 de mayo de 2017

#ElRincónDeZalacaín: El whisky del padre Elías

Publicado en Los Periodistas

“Lo que el whisky no cura…”

Madrid, España.- Aquél cura de Puebla era además de un gran charlista un estuche de sabiduría y un, decía él, “pecador común y corriente”. Había estudiado en la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, de muy joven le dio incluso por ser ermitaño y después fue descubriendo las bondades de vivir en comunidad, durante un tiempo estuvo en España y por razones de su inteligencia y dominio del inglés el padre Elías había ido a parar a Escocia.

Zalacaín le conoció cuando ya estaba entrado en años y tenía la costumbre, después de la misa de 12 los sábados, de organizar una tertulia animada por la comida y la bebida. En ese escenario el padre Elías se desbordaba de bromas y ocurrencias.

Alguna vez uno de los comensales llevó unas botellas de champagne para celebrarle su cumpleaños, el cura no se mostró muy contento con la idea pese a la explicación sobre las cualidades de la bebida y además su alta clasificación “Millesimé”, y por tanto se negó a consumirla bajo una premisa: “esa bebida me parece que tiene muy poco espíritu cristiano”, con lo cual las risas reventaron en la reunión y todo mundo alzaba su copa para brindar por el padre Elías.

El del champagne le recriminó el desprecio de la bebida con otro refrán: “Los bueyes del mismo barro, jalan mucho más parejo”, con lo cual se daba inicio a la peculiar guerra de refranes con el cura donde siempre salía ganando; se trataba de un ejercicio de inteligencia donde Elías aportaba enseñanzas de una forma diferente a la tradición formal de charlas de los sacerdotes de esa época. Y para muestra un botón, luego del refrán del barro el cura dijo: “Aunque todos somos del mismo barro, no es lo mismo bacín que jarro”.

Alguna vez alguien le recriminó por su afición al whisky, adquirida por su paso en Escocia, y cuya tradición se había llevado hasta tierras mexicanas.

En aquellas épocas las bebidas comunes de la gente de la iglesia estaban más cercanas al consumo de los brandis, al fin y al cabo, la influencia española seguía teniendo presencia en la Angelópolis, por eso los gustos del padre Elías eran vistos extraños, raros e incluso poco cristianos, pues los escoceses no usaban la uva como base de sus licores, sino la malta y en aspectos religiosos jamás se menciona en la biblia la bebida escocesa.

El padre Elías fue un visionario, se adelantó unas 4 décadas a las tendencias mundiales de consumo de bebidas alcohólicas y su desprecio por el brandy se convirtió en un tiempo en la manera de seleccionar a sus amigos.

Zalacaín había leído un reporte donde se concentraban los datos de consumo de whisky en España, el brandy había sido desplazado de 90 millones de botellas en el inicio de la década de los 90, hasta 20 millones hace un lustro. Los franceses también privilegian el whisky, el país está en primer lugar de consumo con 2.5 litros por persona al año; le sigue Uruguay con 1.77, Estados Unidos, la India, Irlanda y España, México apenas consume 0.27 litros por persona al año.

Estos recuerdos le fueron saltando a Zalacaín al escuchar al otro lado de la barra al camarero recordar una fecha para él desconocida. El “Día Internacional del Whisky” se celebra desde hace unas cinco décadas cada tercer sábado de mayo, a la festividad se han venido sumando unos 50 países y más de 200 ciudades y en algunos bares se hacen presentaciones especiales, los “Pure Malt” y los “blended” o donde interviene como ingrediente en algún coctel; las promociones estaban acompañadas por frases de famosos bebedores.

“Nunca debí haber cambiado el whisky por Martinis”, habría dicho Humphrey Bogart antes de morir.

Ernest Hemingway escribió alguna vez “¿Qué puede calentar el alma fría y húmeda más que el whisky?”.

Frank Sinatra solía decir al recibir el primer trago de whisky: “Esta es la bebida de los caballeros”.

Al padre Elías le gustaban dos marcas, una de uso común era fácilmente conseguida por los vinateros de la 4 poniente, cerca de la iglesia de Belén, se trataba del blended “White Horse”, un licor bastante aceptable en aquellas épocas cuando los maltas no se habían conocido del todo.

Y el otro, era su emblema personal, el llamado “whisky del monje”, el “Ye Monks” envasado en una garrafa de cerámico con un tapón de corcho externo y el lacre como señal de autenticidad.

Las botellas vacías eran muy solicitadas para envasar cualquier otra cosa. “El Monje”, como solía decirle el padre Elías había sido envasado así desde 1893 en Edimburgo como un homenaje a los monjes autores del descubrimiento del whisky, pero además la figura aparecida en la caja del producto era de un monje, vestido de hábito color marrón carmelita, y el rostro muy parecido a Elías.

La última vez de convivencia con él, se encontraba con una salud muy deteriorada y había levantado un pequeño vaso de los usados para veladora, y luego de servirse un chorrito de Ye Monks levantó el vaso y le dijo al aventurero “lo que el whisky no cura, no tiene cura…”. ¡Salud padre Elías!