jueves, 8 de junio de 2017

#ElRincónDeZalacaín: De La Ronda al Fondillón

Publicado en Los Periodistas

Madrid, España.- Sería hace unos 50 años cuando el aventurero Zalacaín efectuó rápida carrera desde el autobús de turismo aparcado a tres calles del Rijksmuseum en Ámsterdam con la entrada en la mano para materialmente escalar por la escalera y dar con la sala donde estaba desde 1817 uno de los cuadros más famosos del mundo del arte, pieza clave del llamado Siglo de Oro de la pintura holandesa.

El aventurero había tenido predilección por Rembrandt Harmenszoon van Rijn desde cuando algún maestro de historia del arte le inició en el barroco y se había fascinado por las leyendas en torno a esta obra cuyo nombre original dista mucho del actual. “La compañía del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Wilhem van Ruytenburch” fue un encargo para decorar la principal sala de la Milicia Cívica de Ámsterdam; el artista la pintó con ambiente diurno, y representa la participación de los milicianos en una ronda para proteger las libertades de los ciudadanos holandeses.

Los personajes eran reales, se trataba de importantes comerciantes a quienes Rembrandt cobró un promedio de cien florines de la época por ser pintados, los personajes principales pagaron mucho más.

Con el paso de los años el cuadro fue recortado hasta quedar en 3.63 por 4.37 metros y fue trasladado a una sala del Ayuntamiento; el deterioro de la pintura ocultó las tonalidades diurnas, el barniz se oscureció y cambió su representación por un ambiente nocturno, de donde a finales del siglo XVIII se le conocía como “La Ronda de Noche”, un nombre también polémico para los hispanoparlantes, pues el significado de “ronda” es ni más ni menos “Reunión nocturna de mozos para tocar y cantar por las calles”, de donde se supone un pleonasmo, pero el nombre fue puesto en neerlandés donde el significado sí es válido.

El recuerdo le asaltó por la noticia aparecida ese día, un ciudadano holandés de 33 años, Stefan Kasper, tuvo la oportunidad de dormir frente al cuadro, despertarse, lavarse los dientes paseando por la sala y ser atendido como un auténtico huésped en el museo donde está el conjunto de las obras de Rembrandt.

Kasper fue el visitante número 10 millones al recinto y se hizo merecedor de tal privilegio, un afamado chef le sirvió la cena en la sala, le colocaron una cama frente a La Ronda y desayunó en pijama y en la cama admirando la obra. Vaya envidia.

El aventurero le tomó especial cariño a Ámsterdam y cuantas veces podía se trasladaba al menos para pasar un fin de semana, recorrer sus canales, beberse un Martini en “The Tailor” del Hotel Krasnapolsky, frente al Dam, y saborear la variedad de cocinas orientales, francesa, asados argentinos, incluso algunas gratas sorpresas mexicanas, pero especialmente la cocina de los Países Bajos representada de manera excelente en d’Vijff Vlieghen, The Five Flies o castellanamente hablando “El Cinco Moscas”, un espacio logrado gracias a la unión de varias casas de frente y de fondo y presentar así un acogedor sitio donde además de la cocina la cantidad de antigüedades constituyen el tesoro encabezado por un par de cuadros de Rembrandt y otros pintores holandeses. Todo un privilegio cenar con amigos y un Rembrandt al lado.

Las noticias enológicas también se llevaron algunos encabezados esa mañana, uno de los vinos más exclusivos, raros y durante una época olvidado, se posicionaba en torno de José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, uno de los más notables hijos de Alicante, quien pasó a la historia como “Azorín”, fue uno de los tres fundadores de la llamada Generación del 98 junto a Pío Baroja y Ramiro de Maeztu.

Azorín, tenía una afición por la uva Monastrell de su tierra donde en determinados años se sobre maduraba y con ella se producía un vino llamado “Fondillón” y cuya característica además de permanecer diez años en barrica era según el propio Azorín “un vino centenario, su sabor es dulce, sin empalago, por su densidad empaña el cristal, huele a vieja madera de caoba…”

Pues la noticia daba cuenta de la presentación por la empresa MGWines de su primer vino Fondillón Alicante elaborado por el enólogo Raúl Pérez. Sólo se produjeron 1500 botellas de vino seleccionado de diferentes toneles de 1996 y cuyo lema será “Estés donde estés, Octubre 1996”.

Por lo pronto la semana pasada el Fondillón ganó en la Segunda edición del Salón Internacional de Sol Wines de Málaga el premio como el “Vino más peculiar”, seleccionado de entre 420 diferentes vinos de 107 bodegas de todo el mundo.

Las uvas se cultivaron en los viñedos de la familia del propio Azorín donde se encuentra un tonel de 125 cántaros donde la familia envejecía su propio Fondillón.

El aventurero volvió a Rembrandt y recordó alguna de sus frases: “El pintor persigue la línea y el color, pero su fin es la Poesía”.

En fin, como bien decía Azorín “Vivir, es volver”.