lunes, 8 de enero de 2018

Ley Agraria de 1915 y Políticas de Desarrollo Ejidal en México

Alberto Jiménez Merino
Director de la Comisión Nacional del Agua en Puebla
Más de 3 millones de agraristas poseen cerca de 103 millones de hectáreas del territorio nacional en 31 mil 500 núcleos de población, ya sea como ejidos o como bienes comunales. Tan solo en Puebla hay mil 160 ejidos y comunidades, en 1.5 millones de hectáreas y 180 mil titulares de derecho agrario. 

Las necesidades de los núcleos agrarios son muy diversas en razón de sus condiciones particulares. En los municipios de Tehuitzingo, Acatlán, Jolalpan y Chietla por ejemplo, demandan mejor aprovechamiento del agua de las presas construidas. 

Por su parte en Tenampulco, Tecomatlán, San Pablo Anicano, Ixcamilpa, Coatzingo e Izúcar de Matamoros se requiere atención para corregir afectaciones de ríos a terrenos y obras de aprovechamiento del agua. En Tecamachalco, Libres, Oriental, Tehuacán, Santiago Miahuatlán, Coyotepec, Ixcaquixtla, entre otros, necesitan de la regularización de sus aprovechamientos de agua y la tecnificación del riego. 

Lo anterior, es solo un ejemplo de lo que se atendió durante el mes de diciembre del 2017 en la Dirección de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) en Puebla. Sin embargo, las necesidades son abultadas y diversas. 

Hace dos días se cumplieron 103 años de la Promulgación de la Ley Agraria que dio sustento al reparto agrario y permitió la paz y la convivencia entre los mexicanos así como también dio paso a la creación de infraestructura e instituciones que formalizaron la posesión de la tierra y el fomento productivo. 

La regularización de la propiedad, la medición y conciliación de límites llevó mucho tiempo. En 1994, se declaró que no había más tierra que repartir y se dio paso a la creación del Programa de Certificación de Derechos Ejidales, además de que se estableció también la posibilidad de cambiar de régimen de propiedad al dotar al ejidatario del dominio pleno sobre la parcela. Hoy, la tierra de propiedad social esta regularizada en más del 95 por ciento. 

Al margen de las discusiones sobre si fue bueno o malo el fraccionamiento de las superficies, lo cierto es que eso garantizó la paz de un México convulsionado en ese entonces. Lo que sigue, y que aún es un pendiente de la política pública, es el desarrollo de los núcleos agrarios. 

Para lograrlo, se requiere de un plan que apoye el conocimiento de los recursos naturales de los ejidos y comunidades agrarias, que los ayude a identificar y sistematizar su problemática y que además les permita crear planes de acción, identificar y ejecutar proyectos de fomento productivo que los impulse a mejorar sus condiciones de vida. 

El aprovechamiento racional de bosques, selvas, fauna, bellezas naturales y minerales, debe formar parte de las políticas públicas más allá de programas asistenciales como el PROAGRO o los de fomento como FAPPA, PROMETE o ARRAIGATE. 

Desde el año 2010 sabemos, por el Censo Agropecuario, que los jóvenes ya no se están quedando en el campo a reproducir la pobreza de sus padres, y esto es una realidad que afecta a más de 21 mil ejidos en donde los jóvenes están emigrando a las ciudades, nacionales o extranjeras. 

Mucho tiene que ver en esto la desvinculación educativa, cuyos contenidos no ayudan a la juventud a identificar posibilidades locales de desarrollo en los niveles básicos, así como también a la separación que hay en los contenidos universitarios en los cuales no estamos promoviendo en los jóvenes ni siquiera a empezar a atender la problemática de sus comunidades. 

También juega un papel fundamental en la situación anterior la falta de programas con mayores presupuestos para el fomento productivo que apoyen la red de caminos rurales, capacitación y asesoría técnica direccionada a las necesidades, infraestructura productiva, de acopio y transformación, agricultura por contrato, agricultura de conservación, reforestación y manejo ordenado de bosques y selvas, así como a los aprovechamientos forestales no maderables, pesca y acuacultura, sanidad e inocuidad y tecnificación productiva de procesos, mecanización y riego. 

Todo lo anterior lo menciono porque después de 103 años de la promulgación de la Ley Agraria, es necesario reflexionar sobre el futuro de los núcleos agrarios antes de que sus recursos naturales se sigan deteriorando, sus pobladores envejeciendo y la pobreza aumentando. 

Feliz Año 2018!