miércoles, 3 de julio de 2019

#PorSoleares: Fin del “cacicazgo empresarial”



La elección de presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Puebla está por definir un parteaguas en la forma de operación del grupo de control en que se ha convertido el espacio donde los líderes económicos y representantes de cámaras empresariales han sido impuestos o recomendados de una pequeña élite que ha atendido más a los intereses personales y políticos de grupo que los representados.

El asunto no es nuevo, se han presentado divisiones desde hace muchos años cuando los hombres del dinero dejaron en manos de los gerentes de sus empresas la representación antes los cuerpos intermedios.

Así, la Coparmex se convirtió en el semillero de los presidentes del CCE poblano, con lo cual el grupo de control se cerró y se centró exclusivamente en torno a quienes se hicieron llamar hace unos cuantos años “Los Magníficos”.

El crecimiento de la oposición se dio hace tiempo cuando a Eduardo García Migoya le habían pedido su voto para elegir presidente a cambio de que él fuera el siguiente, asunto que se incumplió y donde un manejo muy hábil de los consejeros y operadores internos del CCE permitió la presentación de cartas para votar a nombre de organismos que incluso habían sido dados de baja y con ello dejar fuera a García Migoya.

La división fue profunda, el CCE perdió a algunas cámaras, otras se dividieron al interior para dar paso a la conformación del Consejo de Organismos Empresariales, COE, donde fueron a parar quienes no se plegaron a las disposiciones desde la cúpula del grupo de control.

Esto sucedió a la mitad del sexenio de Mario Marín, el COE fue alentado desde algunos niveles oficiales y le costó en el corto plazo ese presunto compromiso, nunca probado.

Pero con la llegada del morenovallismo, el COE terminó por debilitarse y el CCE se convirtió en el aliado del grupo político empresarial y panista que impulsó la llegada del senador a la candidatura del gobierno de Puebla.

Los beneficios fueron claros. Los Rodríguez Regordosa crecieron, en presencia, influencia y dicen que también en negocios. El proyecto era amplio, pasaba por la rectoría de la Upaep, la Presidencia Municipal y la conformación de un grupo que proyectara a Pablo Rodríguez Regordosa para la presidencia y la gubernatura.

Pero mucho de ese plan se frustró, porque Rafael Moreno Valle acabó por no confiar en quienes no tenían la inteligencia, decía el finado, para seguirle en sus decisiones. Personajes de la iniciativa privada, siempre ligados a Coparmex, fueron cooptados por el gobernador en su proyecto presidencial, y eso contribuyó al descontento entre los representantes empresariales que integran el CCE.

Por eso Ignacio “Taico” Alarcón Rodríguez Pacheco creció. Por eso empezaron los ataques en medios en su contra por asuntos de negocios y por eso también, las revelaciones de los intereses económicos y políticos de Fernando Treviño a quien según publicaciones periodísticas le fueron condonados impuestos en el sexenio de Rafael, eso más lo que surja en los siguientes días, como el caso de los terrenos entregados al CCE y los negocios que se hicieron con el predio.

Ante la llegada de la corriente anti continuismo, los empresarios poblanos podrán marcar la diferencia en el corto plazo y para bien.

O por lo menos, así me lo parece.